Desaparecieron tras la colina

 

En la gran pradera municipal, estaba todo preparado para la fiesta de despedida de la guardería.
Algunos padres habían adornado las mesas con manteles y servilletas de papel azul, y entre los árboles, habían tendido una cuerda con banderines de colores.
En las mesas de los niños había bolas de chocolate rellenas de nata, gominolas, rosquillas, y para acompañarlo bebían gaseosa y zumos de frutas.
Jonás pronto se sintió indispuesto y Anna y Malte le acompañaron a los arbustos, donde el niño vomitó.
Los adultos no se percataron de nada, pues estaban ocupados brindando unos con otros.
De repente a Ulla, se le ocurrió algo:
-¿Os apetece jugar a la procesión de farolillos?
-¡Sí!-exclamaron todos los niños entusiasmados.
Ulla fué en busca de los farolillos y encendió las velas. Los niños se pusieron en fila.
Sarah tenía el farol mas bonito, un sol enorme.
Ella encabezaba la comitiva. Al final iba Moritz, que llevaba un farol en forma de luna.
Los mayores les observaban y sonreían con simpatía.
-¿No queréis venir con nosotros?-exclamó Sarah.
-¿Ir con vosotros? Anda, que ya no sois unos bebés-respondió su madre.
-Pero ya está oscuro-objetó Moritz.
-Bueno, ¿y que?-respondíó su padre.

-¡No queremos ir solos! ¡Tenemos miedo a la oscuridad!-dijo Anna.
Pero los padres sonrieron y siguieron con su charla sin prestarles atención.
Los niños cuchichearon entre sí, formaron una larga procesión y se pusieron en marcha.
Los padres se quedaron mirándoles mientras hablaban con melancolía de la bonita época de guardería que ahora tocaba su fin.
Los niños subían ahora por la pequeña colina situada en medio del parque.
Sus farolillos eran ya solo pequeños puntos de luz.
-¡Parecen fuegos fatuos!-dijo el padre de Anna.
En ese momento desapareció tras la colina la primera luz, enseguida le siguió la segunda y finalmente todas las demás.
-¿Adonde van?- preguntó la madre de Moritz.
-Seguro que se trata de un nuevo juego-contestó el padre de Jacob.
Pasada media hora, los padres comezaron a intranquilizarse y a los tres cuartos de hora salieron en su búsqueda.
Al pie de la colina descubrieron a Jonás.
Había vomitado de nuevo y estaba tan débil que no podía andar. Su farol se había apagado hacía ya bastante tiempo.
-¿Dónde están los demás?-preguntó la madre de Anna.
-Tras la colina-dijo Jonás sin fuerzas.
Los padres buscaron por todo el parque, por cada rincón, pero jamás volvieron a encontrar a los diez niños.

 

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