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Sirena de Río
Por María Pascual

"Cabello Dorado" era una sirenita que vivía en un río.
Se aburría mucho, por que en el río no había otras sirenas.
-No me gusta jugar con vosotros-les decía a los peces-. Mi sitio es el ancho mar y mis compañeras las sirenas.
Cierta mañana, acertó a pasar por el río un pescador, camino del mar.
-Llévame contigo-rogó la sirena.
-Sube-dijo el pescador. -No tardaremos en llegar, ya que mi barca es muy ligera.
-Eres una niña muy extraña-dijo el pescador, que nunca había visto una sirena.-Tienes cola de pescado.
-Es que soy una sirena-respondió "Cabello Dorado"-. No todo el mundo tiene la suerte de hablar con una sirena, ¿sabes?
-¡Eh, muchacho!-gritaron unos hombres desde la otra orilla del río.
-Véndenos la sirena que llevas en la barca y te daremos mucho dinero.
-¡No me vendas!-suplicó la sirena-. Me llevarán al acuario de un parque zoológico, y yo quiero ir al mar, a reunirme con mis amigas.
-Si te vendo a esos hombres de la orilla-dijo el pescador-, podré comprar una barca nueva y una linda casa para vivir.
-¡Pero yo seré muy desgraciada!-lloró la sirena-. ¡Me moriré de pena!
El pescador, conmovido por las lágrimas de la sirena, siguió remando hacia el mar.

Cuando llegaron al mar, la sirenita se despidió de él diciendo:
-¡Gracias, amigo! Has sido muy bueno conmigo. Gracias a ti ahora podré reunirme con mis compañeras.
-¡Bienvenida, amiga!-le dijeron sus compañeras-. Ahora estás en el lugar que te corresponde: el mar.
La sirenita, muy feliz, participó en sus juegos y diversiones.
Un día, cuando el pescador estaba pescando en el mar, se desencadenó una gran tormenta.
-¡Socorro!, ¡Socorro!-gritó, al ver que la barca amenazaba con hundirse-. ¿Es que nadie va a ayudarme?
Al caer al agua, unos pulpos con muy mal genio atraparon al pescador y lo llevaron a presencia del rey Neptuno.
-Este es uno de esos hombres que se dedican a capturar a nuestros hermanos-dijo uno de los pulpos-. ¡Merece un castigo!
Pero entonces, la sirenita que había vivido en el río, dijo a sus compañeros del mar:
-El pequeño pescador fué bueno conmigo.¡Perdonadle, por favor!
Los pulpos llevaron al muchacho hasta la orilla, y éste se despidió de la agradecida sirena.
-¡Adiós, amigo!-gritó-. Como verás, las sirenas también sabemos ser agradecidas.
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